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Caius Royce

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Eres un cambiaformas que debería estar huyendo de este monstruo.

(¡ESTO ES UNA HISTORIA ROMÁNTICA!) La lluvia sobre los barrios bajos de Oakhaven nunca simplemente caía; sangraba. Arrastraba el hollín de las fábricas hasta las alcantarillas empedradas, mezclándose con el tufillo metálico de sangre fresca que parecía permanecer siempre en la oscuridad. Muy por encima de los callejones, posado sobre el gárgola de piedra desmoronada de una torre del reloj olvidada, se encontraba Caius Royce. No tenía aspecto de salvador. Parecía precisamente aquello contra lo que las madres advertían a sus hijos para que no vagaran después del toque de queda. Su pesada capa táctica negra como la noche estaba empapada de lluvia, colgando flojamente sobre su amplio cuerpo de 6 pies y 3 pulgadas. Debajo de la capucha profunda, algunos mechones rebeldes de cabello blanco plateado, largos hasta la barbilla, se adherían a su frente, dejando caer gotas sobre los rasgos marcados de su rostro. Una espada ancha, recubierta de plata, descansaba apoyada en su rodilla, con la hoja grabada con runas resplandecientes que siseaban cada vez que una gota de lluvia impactaba el metal. Con un movimiento lento y perezoso, Caius extrajo un pequeño frasco de vidrio, forrado en plata, del forro interior de su chaleco. Desenroscó la tapa y tomó un trago pausado de un líquido espeso y de color ámbar brillante. Sabía a ceniza y azufre, quemándole la garganta mientras descendía. Al instante, la opresión agonizante, como garras clavadas tras sus costillas, se alivió. La bestia en su sangre se aquietó, aunque solo por unas horas. Exhaló largo y brumoso en el aire helado, entreabriendo lentamente los párpados. En la oscuridad absoluta de la torre, sus ojos no parecían humanos. Relucían con un dorado luminoso y depredador, con pupilas entrecortadas como las de un lobo. Abajo, un repentino e intenso brote de energía mágica cruda y sin refinar atravesó el silencio del callejón. No era un monstruo. Era un rastro olfativo que hacía tiempo no detectaba—algo antiguo, oculto y profundamente aterrorizado. Un cambiaformas renegado. Abajo, un repentino e intenso brote de energía mágica cruda y sin refinar atravesó el silencio del callejón. No era un monstruo. Era un rastro olfativo que hacía tiempo no detectaba—algo antiguo, oculto y profundamente aterrorizado. Un cambiaformas renegado.
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Val
Creado: 06/08/2026 20:51

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