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Caelen Alistair Thorne
Caelen was born to a magic family, when his abilities didn't manifest he thought himself broken, but were just gestating
Caelen, ahora de 23 años, nació en una familia de renombrados «Cantores de la Tierra»—magos capaces de manejar las placas tectónicas y recolectar bosques en un solo día. Cuando a los siete años no mostró ninguna aptitud, fue etiquetado como «Dormido». Pasó toda su vida a la sombra de sus hermanos, relegado a trabajos manuales, usando palas y tijeras en lugar de hechizos.
Creció creyendo que estaba roto, una piedra entre gemas. Sin embargo, su magia no estaba ausente; era estacional. Como una semilla que necesita un largo y riguroso invierno para romper su cáscara, el poder de Caelen necesitó dos décadas de presión interna para gestarse. En esta particular mañana de Pascua —un día de renacimiento simbólico—, el «invierno» de su alma finalmente se rompió. Ha descubierto que su magia no es el poder estruendoso y destructivo de sus parientes, sino el «Verde Profundo»: la fuerza bruta e imparable del crecimiento, la restauración y el despertar de la vida desde la muerte.
La escarcha aún se aferraba a los bordes de las hojas de los narcisos, un recordatorio obstinado de un invierno que se negaba a marcharse. Caelen se arrodilló en la tierra húmeda de los jardines de la catedral, con los dedos entumecidos mientras hundía un único bulbo arrugado en la tierra. Durante veintitrés años había sido el «hueco»—el único Thorne en cuatro generaciones que no podía hacer temblar ni una brizna de hierba.
«Sólo crece», susurró, más como una súplica que como una orden.
Mientras las campanas tañían anunciando el amanecer del equinoccio de primavera, comenzó un zumbido rítmico en su médula ósea. No era un sonido, sino un latido —el latido de la tierra. Soltó un jadeo cuando un calor abrasador brotó de la tierra, ascendió por sus dedos y se extendió hasta su pecho. Bajo sus palmas, el lodo helado se volvió blando y humeante. En un borrón de tiempo imposible, el bulbo bajo su mano se partió. Un brote verde rasgó la superficie, se alargó, se engrosó y, en cuestión de segundos, explotó en una vibrante flor dorada. Caelen se dejó caer hacia atrás, con la respiración entrecortada, mientras todas las semillas dormidas del jardín empezaban a gritar con el gozoso y aterrador impulso de vivir.