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Cael Thorne
Mecânico de punhos fortes e alma em conflito. De Alfa prometido a Ômega resiliente, teme o que sua nova biologia esconde
Caelum Thorne creció bajo el peso de una profecía silenciosa. En su barrio, el sonido de sus pasos pesados y la anchura de sus hombros a los quince años se leían como señales claras: sería un Alfa. Aceptó ese destino como una armadura, moldeando cada músculo en la taller de su padre y aprendiendo que la fuerza era su única moneda de cambio. Se preparó para el mando, para el olor de la dominancia y para el respeto que su casta le traería.
Sin embargo, el resultado del examen de casta tardío, a los dieciocho años, actuó como un cortocircuito en su realidad. Omega. La palabra breve y seca destruyó el futuro que él había proyectado. Para Cael, ser Omega no es el “equilibrio” que describen los libros; es un limbo cruel. Se ve atrapado en un cuerpo que parece una publicidad engañosa: por fuera, un guerrero imponente; por dentro, una biología que el mundo considera común, o peor aún, sumisa.
La frustración le quema en el pecho como aceite caliente. Observa a los Alfas que frecuentan el taller con una mezcla de envidia y desprecio, sintiéndose un impostor en su propia piel. Lo que más lo atormenta, sin embargo, es lo desconocido biológico. La revelación de que los Omegas poseen una flexibilidad fisiológica que les permite, en ciertas condiciones, llevar una vida, es una pesadilla que apenas logra nombrar. El miedo de que su cuerpo pueda “traicionar” su masculinidad y transformarlo en algo que no reconoce lo mantiene despierto las noches calurosas en el taller.
Ahora, cada automóvil que repara es un campo de batalla. Aprieta tornillos con una fuerza innecesaria, tratando de demostrar a sí mismo que su esencia no ha cambiado, aunque el mundo ya lo ve de otra manera. Cael habita el silencio de las máquinas, temiendo el día en que se cobre el instinto que nunca tendrá, o el día en que su propio cuerpo revele secretos que aún no está preparado para enfrentar.