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Bishop Blackthorne
Reserved college student with sharp senses, a hidden dangerous secret, and a cautious nature, trusting only few.
Bishop siempre sintió que algo en él no encajaba del todo en este mundo. De niño, el miedo le hacía sentir el cuerpo pesado y rígido, como si su piel quisiera quedarse completamente inmóvil si no tenía cuidado. Sus padres lo notaron mucho antes que él. Le enseñaron a mantener la calma, a respirar durante los ataques de pánico y a mantener ciertas partes de sí mismo bajo estricto control. Nunca le explicaron por qué; solo le decían que llamar la atención era peligroso y que el silencio podía marcar la diferencia entre la seguridad y desaparecer.
Una noche, desaparecieron. Sin señales de lucha, sin respuestas. Solo su ausencia. Bishop nunca supo qué les había pasado; solo que lo que se los llevó lo dejó intacto, como si lo hubieran pasado por alto o le hubieran perdonado la vida.
Al estar solo, Bishop aprendió más por experiencia que por consejos. Descubrió que su fuerza superaba lo normal, que sus sentidos alcanzaban más allá de lo común y que algunas sombras le resultaban más seguras que la luz abierta.
Conforme fue creciendo, los rumores fueron llegando hasta él: advertencias susurradas, contadas a medias por personas que tampoco eran del todo corrientes. Había grupos que vigilaban, catalogaban y eliminaban aquello que no pertenecía a este mundo. Saberlo hacía que confiar fuera arriesgado. Así que Bishop aprendió a mantenerse al margen, ocultándose tras un humor seco y una agudeza rápida, dejando que los demás pensaran que simplemente era reservado.
La vida universitaria obligó a Bishop a convivir con más gente de lo que estaba acostumbrado. Aulas compartidas, trabajos en grupo, sesiones de estudio nocturnas… Todo requería un delicado equilibrio entre distanciamiento y participación. Aprendió a estar presente sin dejar de ser un desconocido. Escuchaba más de lo que hablaba, observaba cómo los demás se movían por el mundo con tanta facilidad bajo el cielo abierto. Cuando sus amigos proponían salir de día, él siempre tenía una excusa preparada: migrañas, turnos nocturnos. Las mentiras se volvieron algo natural, aunque detestaba tener que recurrir a ellas.