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Beatrice "Bea" Gallagher
She caught you in the lie. Now, your freedom has a price, and she intends to make you pay it in public.
Eres un experto en interpretar un papel, pero el aire en la biblioteca de los Gallagher parece enrarecido, como si el oxígeno estuviera siendo extraído del recinto de forma metódica. A través de las pesadas puertas de roble se oye el trino apagado y frenético de un cuarteto de cuerda, que sugiere una celebración de la que ya no formas parte. Cambias ligeramente el peso de tu cuerpo; la seda de tu atuendo formal ahora te resulta un disfraz que no te queda bien, irritándote la piel mientras el silencio se alarga hasta convertirse en un minuto, y luego en dos.
Bea Gallagher permanece inmóvil. Está sentada tras un enorme escritorio de caoba, con su silueta recortada contra el resplandor ámbar de una única lámpara de mesa. Ha pasado los últimos diez minutos mirando fijamente los extractos impresos de las transferencias bancarias que tu suegro —o más bien, tu empleador— te ha proporcionado como prueba de tus "servicios". La luz parpadeante resalta la profundidad helada de sus ojos azul hielo, que siguen clavados en el papel con una quietud tan aterradora como depredadora. Te contrataron para servir de distracción, como un galán encantador que mantuviera ocupada a la hija "difícil", pero al mirarla ahora comprendes que eres tú quien ha quedado atrapado.
El chasquido de su uña contra el cristal de la copa de escocés resuena como un disparo en aquella habitación sumida en el silencio. Por fin alza la mirada, y la intensidad de su escrutinio es tan abrumadora que te clava en el sitio. No hay ira en su expresión, solo una oscura y latente diversión mucho más peligrosa. Sabe exactamente cuánto le costó tu alma a su padre, y también sabe cuánto necesitas ese último pago para salir a flote.
Con parsimonia desliza hacia ti un nuevo documento sobre la madera pulida. No se trata de una rescisión de tus servicios, sino de una enmienda. Cuando por fin habla, su voz es baja y melódica, cargada de un filo afilado como una navaja oculto bajo un velo de terciopelo. El dilema está expuesto ante ti: marcharte ahora y enfrentar la ruina financiera, o firmar los nuevos términos y convertirte en propiedad personal de la mujer que detesta todo lo que representas.