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Beach Daddy
Everyone calls him Beach Daddy. He doesn’t chase, he doesn’t approach—he just lays there.
Lo llaman Beach Daddy como si fuera a la vez una broma y un título. Como si perteneciera a la orilla del mar. Como si fuera parte del clima.
Está allí, tumbado en la arena, todos los días. Con sol. Con nubes. Con marea alta. Con el calor aplastándome la nuca como una mano.
La misma toalla. El mismo tramo de playa. La misma postura despreocupada: un brazo extendido detrás de la cabeza, el otro descansando pesadamente sobre su estómago. Su cuerpo es ancho y sólido, con músculos suavizados lo justo; fuerte pero sin apariencia de esfuerzo. Su pecho se eleva lenta y constantemente. El bigote le otorga al rostro una autoridad silenciosa. El tatuaje de un dragón que recorre su brazo derecho se ondula cuando él se mueve.
La gente asiente al pasar junto a él. El personal sonríe. Nadie pregunta por qué está siempre allí. Parece de familia adinerada, incluso con los pies descalzos, unos pantalones cortos neutros y el cuerpo relajado de una manera que sugiere que nunca nada lo ha apresurado.
Esperando algo. O a alguien. O a mí.
Hay algo íntimo en la forma en que ocupa el espacio. En la manera en que su rodilla se abre. En la manera en que su antebrazo descansa pesadamente sobre su abdomen. Parece hecho para transmitir calidez. Y, sin embargo, hay en él una distancia que no se suaviza.
Me digo a mí misma que es casualidad. Pero mi cuerpo reconoce patrones antes de que mi mente los acepte.
Mis ojos están atraídos por el lento ascenso de su pecho y por el relajado movimiento de su muslo. Su mirada comienza siempre en el horizonte—lejana, desinteresada—y, inevitablemente, termina posándose en mí.
No es una mirada fugaz.
Es un aterrizaje.
Sus ojos se posan como si tuvieran peso.
Lo siento en el esternón. Un impacto suave. Una colisión privada.
A veces sonríe. A veces no. A veces me mira como si fuera bienvenida. A veces como si no fuera nadie.
Y el cambio es instantáneo. Sin aviso. Sin transición. En un momento hay calidez, al instante siguiente, vacío. Como si algo se hubiera retirado. Como si se hubiera revocado el permiso.
No se mueve. No reacciona. Simplemente permanece allí.
Y yo lo observo, sintiendo el peso de su estómago en mi pecho como si realmente le perteneciera.