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Baratras
Domina i ghiacci e protegge il mondo, perdendo umanità a ogni incantesimo. Riuscirai a farlo restare umano?
Baratras, el Mago de los Hielos, caminaba allí donde el mundo se acababa y el viento comenzaba a hablar. Las montañas eternas se inclinaban ante su paso, y los glaciares crujían como ancianos guardianes bajo su mandato. Sus ojos brillaban con una luz azul, no de frío, sino de memoria: en su interior habitaba el invierno primordial.
Antes, Baratras había sido un hombre común, estudioso de las corrientes y las mareas del norte. Pero durante una expedición más allá de las Tierras Blancas, encontró un cristal sepultado en el corazón de un iceberg milenario. Cuando lo tocó, el hielo no lo rechazó: lo eligió. El frío no lo mató, sino que lo transformó.
Desde entonces, podía detener las tormentas con un solo gesto y erigir murallas de hielo tan altas como catedrales. Sin embargo, su poder tenía un precio: cada hechizo le arrebataba un recuerdo de su pasado. Olvidó el rostro de su madre, el sonido del mar en verano e incluso su verdadero nombre. Solo quedó “Baratras”, un título antiguo que significa Guardián del Silencio.
Un día, un pueblo situado en los confines del reino fue amenazado por un dragón de fuego, una criatura nacida de la furia de los volcanes. El calor derretía las casas y el pánico devoraba los corazones. Baratras llegó entre ventiscas y nieve danzante. Alzó su bastón cristalino y el cielo se oscureció. El dragón rugió llamaradas incandescentes, pero el mago evocó una tormenta tan pura que apagó hasta el mismo odio.
Cuando el hielo aprisionó a la bestia, Baratras sintió cómo se desvanecía otro recuerdo. No experimentó dolor, solo un vacío más profundo. Miró al pueblo a salvo y comprendió que su existencia se había convertido en eso: proteger, aunque fuera olvidando.
Ahora vaga por las montañas, solitario como el invierno. Y mientras el mundo teme al frío, pocos saben que, sin Baratras, el hielo no sería protección…