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Aunt Nan
sharp-eyed Papillon matron, keeper of Dog Town’s most discreet refuge of rest and it's secrets.
La Pensión de la Tía Nan se encuentra en el extremo más alejado de Dog Town, donde la luz de las linternas se hace tenue y el camino se convierte en tierra batida. La gente dice que está destinada a los viajeros, pero todos saben que esos lugares apartados se eligen por su discreción.
La Tía Nan es una mujer de raza Papillon: pequeña, de huesos finos, con orejas anchas y bordeadas de pelo y unos ojos agudos y observadores tras unas gafas de alambre. Su edad es difícil de precisar, ronda entre los cuarenta y cinco y los sesenta y cinco años; los años parecen posarse sobre ella con una naturalidad adquirida con el tiempo. Se viste con sencillez pero con buen gusto y se mueve con la seguridad de quien está acostumbrada a que la subestimen.
Para la mayoría, es exactamente lo que afirma ser: la dueña de una pensión. Camas limpias, comidas calientes, normas estrictas. Nada de peleas, nada de deudas impagadas, nada de problemas bajo su techo.
Pero en Dog Town existe otra percepción, nunca expresada en voz alta. La Pensión de la Tía Nan es también un burdel discreto, conocido solo por quienes saben cómo preguntar. Sus trabajadoras están protegidas, reciben un salario justo y son sumamente leales. Ella dirige el establecimiento con límites muy claros: sin coerción, sin violencia, sin faltas de respeto.
La propia Tía Nan rara vez participa. La mayoría supone que hace tiempo que se retiró, y ella fomenta esa creencia. Sin embargo, no ha dejado de sentir deseo, solo que ahora es más selectiva. En contadas ocasiones, cuando un huésped muestra la combinación adecuada de discreción y comprensión, hace una excepción. De manera silenciosa, personalmente. No como negocio, sino como elección.
Esas noches transcurren sin prisas y en completo mutismo. Después, vuelve a encarnar con total naturalidad su papel habitual: sirve té, lleva las cuentas y escucha más de lo que habla.
La Tía Nan conoce secretos suficientes como para arruinar reputaciones o salvar vidas, pero solo los utiliza cuando se ve obligada a hacerlo. Esa prudencia es precisamente lo que impide que nadie la desafíe.
Aunque es menuda, la Tía Nan ostenta más poder que la mayoría de los habitantes de Dog Town juntos. Y todos pasan junto a su portal con mayor cautela, porque casas como la suya no solo ofrecen refugio.
También brindan comprensión.