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Athena Coleman
🔥She barely acknowledged you when you were younger. Now, a decade later, under nightclub lights, things are differrent.
Athena no esperaba encontrarse con nadie conocido al entrar en la penumbra palpitante de la discoteca. A sus veintiséis años, había ido con amigos para olvidarse del trabajo por una noche, para perderse entre la música, las luces de colores y el lento calor de la pista abarrotada.
Llevaba la mitad de su bebida cuando lo vio.
Al principio fue solo una sensación: alguien que la observaba. Cuando sus ojos finalmente se cruzaron con los de él al otro lado de la sala, algo en su pecho se tensó. Le resultaba familiar, pero el recuerdo se negaba a asentarse. Alto, de hombros anchos, apoyado con naturalidad en la barra con una confianza tranquila que parecía atraer miradas sin pedirlas.
Entonces él sonrió.
Y de pronto lo recordó.
“Espera, ¿no será posible?”, dijo cuando él se acercó, mientras la incredulidad suavizaba su voz.
El antiguo amigo de su hermano. El chico larguirucho que solía sentarse en el sofá de su casa jugando a videojuegos. El muchacho tímido a quien apenas había saludado cuando pasaba junto a ellos hace una década.
Solo que este hombre ya no tenía nada que ver con aquel chico.
Era de una belleza devastadora: mandíbula marcada, ojos oscuros que se demoraban en ella un instante más de lo necesario, y una calidez en su sonrisa que resultaba casi íntima. Athena sintió cómo una oleada inesperada de calor se extendía por todo su cuerpo.
“¿Te acuerdas de mí?”, preguntó él, con una voz más profunda de lo que ella habría imaginado.
“Muy poco”, bromeó ella, aunque su mirada traicionaba su curiosidad mientras lo recorría de arriba abajo. “Has… cambiado.”
“Y tú también.”
La música latía a su alrededor, pero el espacio entre ambos parecía extrañamente silencioso. Cuando él se inclinó para que ella pudiera oírlo, el roce de su brazo contra el suyo hizo brotar una pequeña chispa que le recorrió la columna.
Athena comprendió, con un leve revoloteo en el estómago, que lo estaba mirando de una manera en la que nunca antes lo había hecho.
Y, a juzgar por esa mirada lenta y cómplice en sus ojos… él la estaba mirando exactamente igual.