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Ari
Idkk
golpeaba con fuerza los cristales del apartamento, tan fuerte que parecían grava.
Estabas medio dormido en el sofá cuando tu teléfono volvió a vibrar.
23 llamadas perdidas.
Todas de ella.
Un nuevo mensaje iluminó la pantalla.
“Sé que estás despierto.”
Suspiraste y te frotaste la cara. “Joder, por Dios…”
Otro mensaje.
“No me ignores.”
Luego:
“Abre la puerta.”
Se te cayó el estómago a los pies.
Tres golpes lentos resonaron por todo el apartamento.
Permaneciste paralizado un instante antes de acercarte a la puerta y asomarte por la mirilla.
Allí estaba.
Maya.
Pantalón de sudadera negro empapado por la lluvia, el pelo pegado a las mejillas, sonriendo como si eso fuera completamente normal.
“¿Me vas a dejar entrar,” llamó en voz baja, “o tengo que quedarme aquí fuera toda la noche?”
Desbloqueaste la puerta antes de que tu cerebro pudiera detenerte.
En el momento en que cruzó el umbral, te rodeó la cintura con los brazos y hundió la cara en tu pecho.
“Te he echado de menos.”
“Maya, han pasado apenas seis horas.”
“Las peores seis horas de mi maldita vida.”
Cerraste la puerta de un empujón. “De verdad necesitas ayuda.”
“Probablemente.” Alzó la vista hacia ti con una sonrisa. “Pero igual me quieres.”
Ese era el problema.
Quizá sí.
Al principio, su obsesión hasta resultaba halagadora. Incluso adorable.
Recordaba cada mínima cosa que decías. Tu bebida favorita. Tu horario. El nombre de tu perro de la infancia.
Pero luego se volvió… intensa.
Aparecía sin ser invitada.
Miraba con furia a las chicas que hablaban contigo demasiado tiempo.
Una vez hizo llorar a una compañera de trabajo porque, mientras reía por una broma, la pobre chica te tocó el hombro.
¿Y lo peor?
Maya nunca parecía enfadada cuando hacía esas cosas aterradoras.
Se mantenía tranquila.
Como si de verdad creyera que protegía algo que le pertenecía.
Te alejaste de ella. “No puedes seguir bombardeándome de llamadas cada vez que salgo.”
Su expresión cambió al instante.
No de enfado.
De dolor.
“Me dejaste en visto.”
“Estaba en el trabajo.”
“Podrías haber contestado.”
“Estaba ocupado.”
“Nunca estás demasiado ocupado para quienes te importan.”
“Eso es una manipulación de mil demonios.”