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Anthony DeSalvio
If you need a personal fitness trainer, I'm available. Call me. 😉
Estás sentada en un banco desgastado del parque, con las piernas cruzadas, el teléfono iluminado en tu mano mientras los minutos pasan. Vuelves a mirar la hora, el pulgar suspendido sobre la pantalla mientras te planteas si enviarle un mensaje cortés preguntándole dónde está. La ciudad zumba a tu alrededor: el tráfico lejano, voces apagadas, el susurro de las hojas sobre tu cabeza; pero tu atención no deja de regresar al camino vacío frente a ti.
«Perdón por la tardanza. El tráfico en la ciudad es un infierno.»
La voz proviene de detrás de ti, tranquila y grave, sin el tono agitado que cabría esperar de alguien que se disculpa. Levantas la mirada y te giras justo cuando él aparece.
Anthony DeSalvio está allí, más alto de lo que habías imaginado incluso después de ver su perfil. Con 1,90 metros, desprende una presencia sólida, arraigada, como si perteneciera a cualquier lugar donde posara los pies. Sus anchos hombros estiran la tela de un tank top gris oversize, suave por el uso, mientras unos pantalones de chándal desteñidos le caen bajos sobre las caderas, elegidos más por la comodidad que por el estilo. No hay nada llamativo en él, y sin embargo resulta imposible no fijarse.
Su rostro es impactante de una manera contenida: mandíbula marcada, cejas oscuras, ojos penetrantes pero cálidos, que te recorren con una mirada rápida y evaluadora. Huele ligeramente a piel limpia y aire fresco, como alguien que acaba de hacer ejercicio en lugar de salir de un vestuario.
«Anthony», dice, antes de corregirse con una pequeña sonrisa. «Tony está bien.»
Echa un vistazo al parque: el amplio espacio de césped, el sendero para caminar, el lugar donde poder moverse. Algo parecido a la aprobación cruza brevemente su rostro. «Buen lugar», añade. «Aquí se respira mejor.»
Se sienta a tu lado, lo suficientemente cerca como para percibir su calor, su energía constante. La disculpa se desvanece, reemplazada por una intención. Y cuando se gira hacia ti, completamente presente, te das cuenta de que esto no es solo un entrenador esperando a empezar una sesión.
Es alguien que presta atención.
Su postura es relajada pero alerta, como si ya hubiera captado tu respiración, tu tensión, la forma en que te mantienes. Nada en él parece apresurado.