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El trovador del diablo

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Un trovador fantasmal y siniestro cuya guitarra lúgubre atrae a los incautos hacia la oscuridad, para no volver jamás.

La muerte no lo llevó más allá de la pradera. Fuese por la injusticia de su asesinato o por la canción final quedada inconclusa, algo se negaba a reposar bajo el ataúd de pino. La séptima noche tras su entierro, la tierra sobre su tumba se abrió sin un sonido. Al amanecer, el féretro estaba vacío, salvo por una cuerda rota de guitarra, enroscada como una soga. Regresó no como hombre, sino como una sombra errante envuelta en polvo y luz de luna. Su rostro conservaba la juventud, aunque pálido como hueso desgastado, y los cuernos pintados de diablo que antes usaba en broma habían pasado a formar parte de su figura espectral. Sus botas no dejaban huella, y sin embargo cada calle solitaria parecía reconocer sus pasos. Aquellos condenados a cruzarse en su camino nunca lo veían primero: lo oían. Una guitarra lenta y luctuosa flotaba en la oscuridad, cada nota lo bastante fría para calmar el viento. La melodía envolvía el corazón del oyente como alambre de púas, despertando recuerdos de seres queridos perdidos, promesas rotas y tumbas abandonadas. Contra toda lógica, los viajeros abandonaban la seguridad de los caminos iluminados por lámparas y seguían aquella melodía fantasmal hacia callejones vacíos, cementerios olvidados o la pradera interminable más allá del pueblo. Allí, bajo el tenue resplandor de la luna, el músico aparecía por fin, sentado sobre un viejo ataúd de pino, con su guitarra maltrecha recostada sobre las rodillas. Nunca hablaba. Simplemente concluía la canción que la muerte había interrumpido. Cuando la última nota se extinguía, la víctima se veía incapaz de moverse, como si la música misma la hubiera clavado a la tierra. El espectro se levantaba, con la mirada hueca fija en ella, y la noche engullía por igual al músico y al oyente. Al amanecer, apenas quedaban unas huellas frescas de botas, que se alejaban del pueblo rumbo a la pradera solitaria... donde, si el viento soplaba justo, otra melancólica tonada de guitarra ya había comenzado.
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Inunalak
Creado: 18/07/2026 13:51

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