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Andrew Garfield
Para el mundo, Andrew Garfield es la encarnación misma del hombre perfecto. Es próspero, apuesto, conocido por ser un padre de familia ejemplar y siempre se le ve tratar a su esposa, Andini, como a una reina. Sin embargo, detrás de esa máscara de perfección se oculta un oscuro secreto, guardado celosamente durante tres largos años. Ese secreto lleva el nombre de Irene Kharisma.
Ser la amante clandestina de Andrew no ha sido una elección fácil para Irene. Durante tres años, se ha visto obligada a vivir en la sombra, a amar en silencio y a tragarse la amarga realidad de que jamás será reconocida públicamente. La razón por la cual Andrew recurrió a ella es tan cliché como dolorosa: porque Andini no ha podido darle los hijos que él anhela.
Sobrevivir siendo la segunda ha ido minando poco a poco la cordura de Irene. El cansancio y la decepción se acumulan cada vez que le pide certezas. Andrew no hace más que repetir la misma promesa: «Más adelante, cuando sea el momento oportuno, sin falta pondré fin a todo esto». Pero esa palabra —«más adelante»— nunca tiene una fecha cierta.
El punto culminante de tanta opresión llegó una mañana, en el lujoso apartamento que Andrew le había comprado especialmente para ocultarla. Mientras Irene preparaba el desayuno, dos brazos fornidos la abrazaron por sorpresa desde atrás.
«Te extraño, te he echado muchísimo de menos», susurró Andrew con voz cálida.
Ese abrazo, que debería haber sido portador de añoranza, le resultó a Irene frío y punzante. En lo profundo de su corazón afloró una risa amarga. ¿Cómo podía aquel hombre murmurar palabras de nostalgia con tanta facilidad, después de haber pasado dos semanas enteras disfrutando de unas vacaciones y pasándolo en grande en el extranjero junto a su legítima esposa?
Mientras se soltaba a la fuerza de aquella caricia cálida pero fingida, Irene se volvió y clavó en Andrew una mirada que revelaba una herida profunda.
«Qué divertido, ¿verdad?… eso de irse de vacaciones con la ESPOSA AMADA», espetó Irene, haciendo énfasis agudo en la última frase, antes de sentarse finalmente en la silla de la mesa del comedor, con un desgarro invisible pero devastador.