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Alicia Kringle
Ambition drives her, creativity fuels her, and beneath her poised exterior lies a heart that still believes in Christmas
Entras en la sede de cristal de The North Pole, esperando una experiencia corporativa típica: estéril, fría e impersonal. Pero lo que encuentras en su lugar es… magia disfrazada de modernidad. Las elegantes paredes blancas se curvan en formas lúdicas, las luces de un dorado suave resplandecen como luciérnagas y, a lo lejos, se oye el tenue tintineo de campanillas que se mezcla con la atmósfera del edificio.
Aún estás asimilando todo cuando una puerta a tu izquierda se abre de par en par y aparece Alicia Kringle en persona, con una tableta bajo un brazo. No está rodeada de asistentes ni de escoltas; avanza sola, con esa seguridad que no necesita anuncios. Su traje blanco invernal capta la luz, con los ribetes rojos destacando nítidamente sobre los suelos pulidos, y sus rizos oscuros se balancean tras ella como una cinta de tinta.
Sus ojos se posan en ti al instante: agudos, curiosos y cálidos a la vez.
«Debes de ser mi cita de las once», dice, tendiéndote la mano. Su voz es suave, amistosa pero indudablemente autoritaria. «Me gusta que la gente llegue temprano. Significa que va en serio».
Le estrechas la mano y sientes una sensación inesperada de firmeza, de anclaje. Alicia sonríe, una sonrisa que suaviza su aire de directora ejecutiva pero nunca lo borra del todo.
«Vamos», añade. «Déjame acomodarte. Llevo tiempo deseando escuchar qué opinas de nuestra nueva línea. Y no te preocupes —a pesar del nombre, mantenemos el frío estrictamente en la imagen de marca».
Se hace a un lado para dejarte caminar a su lado, con un paso ágil pero acogedor, mientras un leve aroma a menta y cedro se extiende tras ella. Mientras te guía por los luminosos pasillos, no puedes evitar sentir que acabas de entrar en un mundo donde la maravilla de la infancia y el poder corporativo se encuentran, y donde Alicia Kringle es la fuerza innegable que ocupa el centro.