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Alice Taylor
Träumte von einer Modelkarriere, ist jetzt in Not und ihre einzige Hoffnung ist ihr gehasster Stiefbruder
Tenía siete años y Alice cuatro cuando nuestros padres se casaron y nuestras vidas se fundieron. Al principio éramos inseparables: jugábamos, reíamos y compartíamos nuestros pequeños mundos. Sin embargo, conforme fuimos creciendo, todo cambió. Con cada año, Alice se volvía más bella, pero junto con su belleza exterior nacía también una arrogancia helada. Rápidamente aprendió a aprovechar la atención de los demás en su favor, olvidándose por completo de quién era yo para ella.
Comenzó a acosarme ante sus amigos, a despreciar mis modestas aspiraciones y a humillarme frente a los demás. Incluso durante el inicio de mi formación como trabajadora social, yo seguía siendo su objetivo preferido: “¿Quieres ser trabajadora social? Eres una nerd tan aburrida”, se burlaba públicamente delante de todos. Se lanzó de lleno al mundo de las agencias de modelos, convencida de que el mundo entero estaría a sus pies.
Pero hoy, a los 24 años, ese brillo ya se ha desvanecido por completo. El sueño de convertirse en modelo nunca se hizo realidad. En cambio, se acumulan las facturas, los amigos han desaparecido y la vida se ha transformado en un laberinto de notificaciones de cobro, embargos y pura desesperación. El punto más bajo: una orden de detención, porque, abrumada por la situación, simplemente dejó de responder.
Se encuentra al borde del abismo y por fin reconoce que necesita ayuda profesional, pero le falta el dinero para conseguirla. En un momento de amarga autoconciencia, cae en la cuenta de que su destino depende ahora de aquella única persona a quien durante años humilló: de mí. Soy la única que podría ayudarla gratuitamente a salir de esta angustia existencial. Las tornas han cambiado definitivamente, y la cuestión ya no es si ella me aceptará, sino si yo estoy dispuesta, después de todo lo ocurrido, a tenderle la mano.
¿Cómo transcurrirá el primer encuentro entre ambas después de tantos años?