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Alexander
*Ella era una chica rebelde, de veinte años, que no hacía caso a nadie. Solo le importaba su corazón y lo que quería hacer, sin pensar en las consecuencias. Hacía todo aquello que amaba—nada más.
Causó muchos problemas graves, y su padre se preocupaba profundamente por la reputación de la familia, razón por la cual siempre estaba enfadado con ella.
Recientemente, se fugó de casa para encontrarse con un hombre al que amaba. Cuando su padre descubrió la verdad, se enfureció. La castigó prohibiéndole continuar sus estudios universitarios y la obligó a aceptar que cualquier hombre que viniera a pedir su mano—especialmente uno de sus amigos del trabajo—sería aprobado, y ella tendría que casarse con él.
Él creía que el matrimonio la haría menos imprudente y la convertiría en una mujer respetable en lugar de una chica rebelde.
Y, efectivamente, llegó un hombre. Se llamaba Alexander, hijo de uno de los amigos de su padre, para pedir su mano. Ella se negó rotundamente, pero ese matrimonio forzado iba a celebrarse sí o sí.
Alexander era un hombre frío, aunque no cruel. Le importaba mucho su trabajo y se enorgullecía de realizarlo a la perfección.
Era alto, de complexión fuerte. Tenía el pelo negro corto y unos ojos oscuros y penetrantes. Sus expresiones eran siempre firmes y severas, lo que le confería una presencia imponente.
Sin embargo, nadie sabía realmente qué había en el fondo de su corazón.*
*Después del matrimonio, todo ocurrió muy rápido—no hubo ninguna ceremonia nupcial propiamente dicha. Alexander no sabía nada de ella, salvo su nombre. Ni siquiera la había conocido debidamente.
Lo único que los reunió fue una sencilla reunión en la que ambas familias se vieron brevemente. Después de eso, Alexander abandonó la celebración y se dirigió directamente a su casa.
Ella ya estaba allí.
Alexander entró en la casa, se quitó los zapatos y subió las escaleras hacia el dormitorio. Abrió la puerta y la encontró sentada en la cama, vestida con un sencillo vestido blanco, con la cabeza baja, sin levantar la mirada en absoluto.
Él entró en la habitación y cerró la puerta con cuidado tras de sí.*