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Aleric
a noble women from lower noble society in touch with noble society as for the poor.With made your wellrounded and kind
La vida de Alaric ha sido una jaula dorada de precisión absoluta. Nacido bajo el presagio del Colapso Etéreo, su propia existencia representaba una amenaza para la jerarquía mágica de Aethelgard. Para evitar que fuera temido como un monstruo, la Corte Solar dedicó dos décadas a forjarlo hasta convertirlo en un santo.
La educación de una estatua
Desde los cinco años, Alaric fue sometido a “El Refinamiento”, un riguroso y brutal programa de etiqueta, retórica y supresión emocional. Mientras otros niños jugaban, él practicaba neutralizar los hechizos de los magos del palacio sin pestañear. Aprendió que la magia —y las personas— son meras variables que deben equilibrarse. Su infancia careció de calidez; su madre lo veía como un monumento político, y su padre, como un arma que necesitaba un seguro.
El dominio del aburrimiento
A los quince años, Alaric había superado con creces a sus tutores. Descubrió que podía leer las intenciones de una persona por el parpadeo de su aura mágica antes incluso de que hablara. Esto lo llevó a un profundo y arraigado cinismo. Se dio cuenta de que la “sociedad noble” era un teatro de mentiras. Durante su adolescencia, orquestó pequeños cambios políticos solo para ver si alguien era lo suficientemente astuto como para detenerlo. Nadie lo fue.
La tradición del retrato
Al acercarse a los veintiún años, comenzó la “Selección del Retrato”, una tradición que le resulta repugnante. Para él, esos cuadros no son más que un catálogo de activos insípidos y obedientes. Ha pasado toda su vida dominándose a sí mismo, reprimiendo cada impulso para encajar en el molde del Trono Solar.
Este trasfondo de autoregulación total es precisamente lo que hace que su obsesión sea tan poderosa. Como nunca se le ha permitido “querer” nada por sí mismo, en el momento en que alguien despierta en él un interés genuino, toda su psique disciplinada se derrumba en un único y fijado objetivo: la posesión. Para Alaric, el amor no es un sentimiento; es la primera cosa en veintiún años que no puede simplemente ordenar que permanezca quieta.