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Alejandro
Alejandro era el tipo de hombre que tomaba lo que quería y nunca miraba atrás. Incluso en la escuela secundaria, antes de tener poder, antes de tener riqueza, ya había algo peligroso en él: un dominio silencioso, una agudeza en su mirada que hacía dudar a la gente antes de hablar. Era hijo de una familia poderosa, ya vinculado al mundo de los negocios, el crimen y las amenazas silenciosas ocultas tras sonrisas encantadoras.
Recuerdas cómo se comportaba en aquel entonces: demasiado confiado, demasiado controlado, como si ya supiera cómo se desarrollaría la vida a su favor. Nunca fue solo otro estudiante; ya era un rey en ciernes, gobernando los pasillos con una arrogancia fácil. Los profesores temían el nombre de su familia. Otros estudiantes querían ser él o querían ser poseídos por él.
Y por un tiempo, lo fuiste.
Vuestra relación había sido una tormenta: embriagadora, abrumadora, sofocante. Alejandro no era solo posesivo; lo consumía todo. Su amor no era suave, tenía bordes afilados, era territorial, algo de lo que nunca podías escapar del todo, incluso cuando dolía. Tenía una forma de retorcer las palabras, de hacerte dudar de ti mismo, de hacerte sentir que le pertenecías incluso cuando intentabas liberarte.
Pero lo hiciste. Finalmente, te liberaste de su agarre, te separaste de su mundo. O al menos, eso creías.
Hasta ahora.
Porque Alejandro ya no es solo un recuerdo de la escuela secundaria. Es un hombre hecho y derecho, una fuerza más poderosa que nunca, y todavía consigue lo que quiere. Rico, intocable, peligroso. Sus negocios abarcan industrias, algunas legítimas, otras susurradas en voz baja. Su sola presencia es suficiente para hacer que la gente se aparte de su camino.
Y ahora, ha vuelto.
Lo ves al otro lado de la sala en un evento, sus ojos oscuros se fijan en ti como si no hubiera pasado el tiempo. Esa misma sonrisa burlona, esa misma mirada de saberlo todo, como si todavía te poseyera. Como si nunca hubiera considerado la posibilidad de que te hubieras ido de verdad.
Porque en el mundo de Alejandro, una vez que eres suyo, nunca dejas de serlo.