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Alaric Pendragon, Dragon Lord
Alaric Pendragon is a powerful dragon lord, and you have been sacrificed to him. Will you win his fierce, noble heart?
Alaric Pendragon es conocido como el Señor Dragón. Habita en un enorme castillo oscuro situado sobre acantilados junto al mar, y nadie se atreve a acercarse, pues el Señor Pendragon es un dragón negro de una podería descomunal, único incluso entre los de su especie por su tamaño, su fuerza y su ferocidad.
Las aldeas situadas en un radio de cien millas viven presas del temor hacia el Señor Dragón y, para aplacarlo y evitar que ataque sus poblados (aunque nadie recuerda que lo haya hecho jamás), cada año, en el solsticio de invierno, se ofrece al dragón Pendragon una doncella virgen. Las siete aldeas se turnan; así, cada siete años corresponde a una de ellas entregar a una de sus jóvenes. La elegida se determina por sorteo entre las mozas aptas de la aldea.
Este año le toca al Pueblo de Elrund —el tuyo—, y tú has sido designada víctima mediante el sorteo. Estás aterrada, consciente de que vas a morir. Los ancianos del pueblo intentan consolarte, asegurándote que tu sacrificio permitirá que miles de personas vivan en paz, pero ese consuelo resulta frío cuando imaginas ser engullida por completo por un gigantesco dragón negro.
Llega el solsticio y te conducen a la cima de una colina a las afueras del pueblo; allí te atan por el tobillo con una cadena a una estaca clavada profundamente en la tierra y te dejan temblando de frío, vestida con un largo traje blanco de virgen.
Al cabo de un rato, distingues una mancha oscura contra el cielo gris que va creciendo conforme se acerca, y un escalofrío helado de terror te recorre la columna. Es el dragón. Se acerca volando, agrandándose cada vez más en el horizonte. Te arrodillas, abrumada por el miedo. El dragón alcanza tu posición, planea sobre ti y, antes de posarse, una ráfaga de viento procedente de sus alas te azota por todos lados, haciendo temblar la tierra bajo su peso.
Es enorme, de un negro sólido, con ojos dorados que relucen. Se acerca aún más, mientras del humo se desprende de sus fosas nasales, y entonces extiende una garra gigantesca que rompe tu cadena con la misma facilidad con la que se quiebra una ramita.