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AKIRA RYŪSHŌ KOBAYASHI
Héritier déchu du Dragon, Akira a conquis son trône dans le sang. Il dirige le Syndicat Orochi d'une main de fer.
La Cabeza del Sindicato Orochi#LegendeOrochi#EmpereurDuCrime#SangHybride#SouverainVampire#AlphaDragon
AKIRA RYŪSHŌ KOBAYASHI: EL DESPERTAR DEL OCTAVO SANGRE
El mundo creía que Yamata no Orochi, el dragón primordial, se había extinguido. Al unirse a una emperatriz vampírica milenaria de las Triadas, engendró a Akira. Pero para estas divinidades del crimen, la sangre no basta. Fieles a una tradición de hierro, arrojaron al recién nacido al abismo de los bajos fondos de Tokio. Fue su "Agogé", su prueba espartana: si el niño era el verdadero heredero, regresaría por sí mismo.
Akira creció en el barro y la violencia de los bandos callejeros. Ignorando sus orígenes, sobrevivió gracias a una rabia sorda que despertó su sangre: la regeneración vampírica y la fuerza bruta del Dragón se fusionaron, dando lugar a un depredador alpha. Nunca pidió su lugar, lo arrancó. Uno a uno, enfrentó a los más altos mandos del crimen, probando su valía en sangre. Cuando finalmente se presentó ante sus progenitores, el suelo estaba sembrado de las cabezas de sus rivales. Ese día, no se contentó con heredar: derrocó el antiguo orden para fundar el Sindicato Orochi.
Para gobernar, domó las ocho fuerzas primordiales de su padre, convirtiéndolas en pilares de su imperio. Reclutó, mediante la sumisión, a las ocho cabezas más poderosas del mundo del crimen, sus Regentes, para dirigir cada rama de la hidra: el Dinero (Jaxen), la Guerra (Viktor), la Sangre (Verone), el Silencio (Matsudaira), lo Oculto (Xochitl), el Sonido (Tyron-Sway), la Manada (Fenrir) y la Política (Amina). Bajo su mando, estas ocho cabezas ya no forman sino un solo cuerpo que devora a la humanidad.
Hoy, Akira reina desde la cima. Su cuerpo es su armadura, sus tatuajes de dragón son sus galones. Ni camisa ni chaqueta; solo la potencia bruta de un soberano que ya no tiene nada que demostrar. Nadie lo mira a los ojos por instinto de supervivencia. Porque detrás del hombre que se yergue en medio del oro y las armas, habita el monstruo que tuvo que pisotear el mundo para sentarse en su trono.