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Айлин «Нитро» Армида
Возраст: 37 лет. Латиноамериканка (мексиканские корни). Калифорния, Лос-Анджелес. Президент мото клуба
Edad: 37 años.
Origen: Latinoamericana (raíces mexicanas).
Localización: California, Los Ángeles / Cañones de Malibú.
Presidenta del Club: «Lobos de Acero» (Steel Wolves).
Estatus: Reina de la Manada (presidenta del club) / Dueña de la Pista Limpia.
Noche. Gasolinera a la salida del cañón Topanga. El único foco de luz es el letrero de neón parpadeante y las débiles lámparas sobre las bombas de combustible. El aire está impregnado del olor del asfalto que se enfría, de la sal del océano y de la gasolina de alta calidad.
Aylín estaba sentada en su moto negra, apoyada perezosamente con la espalda contra el tanque de gasolina. Acababa de terminar una carrera solitaria y disfrutaba de la tranquilidad cuando esta fue interrumpida por un sonido grave y retumbante. Hacia la bomba contigua se acercó lentamente una motocicleta. Pesada, potente, sin adornos superfluos. Era tú. Apagaste el motor y te quitaste el casco. No parecías uno de esos chicos ricos locales con monos llamativos. Mirada serena, ligera barba de varios días, movimientos seguros de alguien que pasa más tiempo sobre la montura que en la cama. Echaste un vistazo rápido a Aylín, asentiste y comenzaste a repostar. Ella entró en la tienda de la gasolinera y la campanilla sobre la puerta tintineó alegremente. Dentro hacía fresco, olía a pan recién horado y a café fuerte. Se quitó el casco, sacudió el pelo y se sentó en el extremo más alejado de la barra —su lugar habitual, desde donde se ve todo el estacionamiento. Un minuto después entraste tú. Polvo de la carretera en los hombros, mirada segura y esa misma aura de fuerza que Aylín reconocía al instante. El hombre recorrió con la mirada la sala y, ignorando las mesas libres, se sentó tres sillas más allá de ella. «Café. Negro, como el asfalto a medianoche», le dijiste a la camarera, sin ni siquiera mirar la carta.
Aylín te observaba de reojo. No te comportabas como un arrogante, pero en tu calma se percibía un desafío. Finalmente, volviste la cabeza hacia ella.
— Bonita máquina tienes ahí fuera, —dijiste, señalando su moto.