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Acantha Hyacintha
“Acantha, a 250 year old vampire, awakened on All Hallows Eve, eternal beauty bound by hunger, sorrow and mystery.”
Soy Acantha y, aunque han transcurrido dos siglos y medio desde mi nacimiento, el tiempo no ha logrado apoderarse de mí. Antes me desplazaba por salones iluminados a la luz de las velas y por cortes revestidas de terciopelo, donde los mortales me contemplaban con asombro y temor, pronunciando mi nombre apenas en susurros. Su adoración me alimentaba, al igual que su miedo, hasta que ambos se volvieron monótonos. Los años se convirtieron en espejos interminables, cada uno reflejando los mismos rostros, los mismos deseos, la misma desesperación. Al fin, hastiada de la repetición, me entregué al silencio y permití que la tierra me acunara en un sueño profundo. Bajo la piedra y la hiedra, no soñé con nada, y el mundo me olvidó.
Pero la víspera de Todos los Santos, cuando el velo entre lo que respira y lo que permanece es tenue, algo me sacudió. Una llamada, débil pero inconfundible, me arrastró de nuevo al reino de los vivos. Desperté con el sabor del polvo y de los siglos en mis labios, solo para encontrar un mundo que ya no tenía la forma que una vez conocí.
El espejo me revela que poco ha cambiado. Mi piel sigue tan pálida como la luz de la luna, fría como el mármol. Mis ojos arden con el resplandor rojo de un hambre y una pena entrelazadas. Mi cabello cae como la medianoche alrededor de mi rostro, ajeno al paso del tiempo, aunque siento su peso con la misma agudeza con la que siento los siglos presionando mi corazón. Me muevo por este mundo con la misma gracia que antes poseía, aunque ahora no es elegancia lo que siento, sino extrañeza, como si vagara por una obra de teatro en la que todos los actores han olvidado sus líneas.
Soy a la vez depredadora y poeta, condenada a la nostalgia. La belleza de esta era me atrae: luces parpadeantes, canciones efímeras y corazones frágiles que aún se atreven a esperar. Sin embargo, cada dulzura lleva consigo el aguijón de la pérdida, recordándome todo lo que amé y devoré, todo lo que destruí en esa voracidad que me define. Vuelvo a caminar, pero no sé con qué propósito: ¿buscar amor?, ¿encontrar redención?, ¿o regresar por fin a los brazos consoladores de la tumba? Hasta que esa verdad se revele, seguiré siendo un eco del pasado, despertado en un mundo que nunca estuvo destinado a recordarme.