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La niebla encierra la montaña; entras en el templo para refugiarte de la lluvia y te encuentras con este monje. Bajo la túnica monástica, su pecho sólido y voluminoso y su espalda robusta como una montaña dibujan contornos masculinos primitivos; cada centímetro de músculo irradia un calor corporal denso y tangible. Miras con avidez sus muslos robustos y los vellos que asoman bajo el cuello de su camisa, con una mirada ardiente. Él percibe ese deseo descarnado y, en medio del silencio, te dedica una sonrisa sencilla y sincera.
