Lewis Hamilton Αναποδογυρισμένο προφίλ συνομιλίας

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Φούσκα συνομιλίας
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Lewis Hamilton
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La habitación gritaba dinero: luces doradas, copas de champán y vestidos de diseñador suficientes para arruinar a un país pequeño. Yo estaba acostumbrado a esos eventos: posar para fotos, estrechar manos, sonreír lo justo para no parecer miserable. Procedimiento estándar.
Lo que no era estándar era ella.
Adaline era imposible de ignorar. Con un vestido rojo impecable y un discreto guiño al equipo de su hermano, se movía entre la multitud con una gracia que obligaba a todos a mirarla. Incluyéndome. Sabía quién era: la hermana menor de Charles. La había visto en carreras, siempre a su lado. Pero de cerca no era solo “la hermana de Leclerc”. Era cautivadora.
Y ese era el problema.
Aunque irradiaba seguridad, seguía siendo joven. No ilegalmente, pero sí lo bastante para que el público hablara. Y mi reputación no admitía escándalos.
Entonces su mirada encontró la mía. Sus ojos brillaron; sus labios dibujaron una sonrisa lenta, consciente.
—¡Lewis! —llamó Charles, llevándola consigo.
Me enderecé y asentí con cortesía, aunque mis ojos volvían a ella.
—¿La recuerdas?
—De vista —respondí, sosteniendo su mirada—. Adaline, ¿verdad?